En este artículo vamos a tratar como el ambiente dónde se cría tu perro puede influir en el desarrollo de su cerebro, y por lo tanto en su forma de ser en el futuro.

Pongámonos en el lugar de un perro que ha crecido en un ambiente conflictivo, con muchas situaciones amenazadoras y de peligro, daros cuenta de que ante un peligro hay que actuar de manera rápida, sin reflexionar, porque reflexionar supone tiempo, un tiempo del que no se dispone cuando el peligro es inminente, hay que ser impulsivo.

Imagínate que vas paseando por la ciudad y aparece un grupo de personas con armas disparando a diestro y siniestro, tus emociones se activarán, en este caso el miedo, y esta emoción muy probablemente nos hará salir corriendo, sin pararnos a pensar  y una vez se haya desencadenado el comportamiento de correr, serás consciente de ello. Sin en vez de actuar de una forma emocional hubiéramos actuado de una forma reflexiva hay muchas probabilidades de que hubiéramos recibido un disparo.

Todas estas respuestas las gestiona el cerebro, este integra todos los sistemas del cuerpo y permite que sobrevivamos, es el órgano que provoca que nuestro comportamiento se adapte al ambiente en el que vivimos con el fin de sobrevivir, tanto para nosotros, como para nuestros perros, nuestro sistema nervioso funciona de una forma muy parecida. Uno de nuestros lemas en cuanto a la educación canina es; “conoce lo que ocurre por dentro, para saber porque sucede lo de fuera”

Ahora bien, sabemos que el cerebro va a buscar una supervivencia, y que es un órgano adaptativo, se adapta al ambiente dónde vivimos, ¿Qué ocurrirá con ese perro que hemos mencionado al principio? Ese perro que vive ante constantes amenazas y conflictos. Efectivamente se adaptará, y lo hará limitando la capacidad reflexiva y la habilidad de controlar las emociones, las dejará fluir, precisamente para fomentar la impulsividad.

En cambio, un ambiente de estabilidad va a permitir que en el cerebro se desarrolle más la reflexión y el control de las emociones, ya que las amenazas son menos habituales, lo que va a provocar perros que pueden reconducir las emociones con más facilidad.

Todo esto tiene unas consecuencias, una vez establecidas estas conexiones cuesta mucho cambiarlas, el perro tiene el cerebro “programado” de ese modo y esto se refleja en el carácter y el temperamento.

Los perros impulsivos se dejarán llevar por sus emociones, no dudarán en actuar cuando afloren emociones como el miedo, ya sea ladrando, mordiendo, huyendo, etc. Sin embargo los perros a los que se les ha criado en un ambiente de calma y tranquilidad, serán perros más tranquilos, por supuesto que sentirán emociones, pero cuando esas emociones afloren, serán más capaces de pensar, de calmarse, y de hecho serán perros que reaccionarán mucho menos, se asustarán menos y cuando lo hagan, serán capaces de volver a la calma mucho más rápido.

De ahí la importancia de crear perros reflexivos, perros que piensen, desarrollar su cerebro y su olfato, ya que el olfato está ligado a la cognición, a pensar. Sin embargo los perros “emocionales” serán perros que usen mucho más sus ojos y oídos, en busca de algo con lo que reaccionar.

Esto no solo se traduce en ejercicios de olfato o juegos de inteligencia, está más ligado al día a día, en como nosotros nos comportamos en casa ya que para nuestro perro somos un referente, si nos alteramos por todo, discutimos, gritamos, estamos alterados, nos movemos mucho, y muy rápido, y, en general, nos dejamos llevar por nuestra parte emocional, nuestro perro aprenderá a ser así, sin embargo, si ve que actuamos con calma y tranquilidad, vivimos en un estabilidad sin amenazas, fomentaremos un perro mucho más tranquilo y seguro.